Esta mañana
hacíamos corrillo unos compañeros y yo mientras charlábamos sobre la decisión inicial
tomada por el Ministerio de Educación en lo referente a las becas Erasmus. Mi
postura estaba totalmente en contra. Y mis compañeros se extrañaban. No es la
primera vez que al desmarcarme de algo que hace o dice la derecha, la gente
se muestra sorprendida. Por eso, según volvía a casa en el autobús, me ha dado
por escribir la siguiente reflexión: a menudo parece que tienes que comulgar a
pies juntillas con el partido que teóricamente mejor te representa, siguiendo
la misma línea continua que ellos te marcan y sin titubear.
Según
parece, las ideologías se han apropiado de los discursos. Entonces, si yo estoy
de acuerdo con algo que dice el partido socialista, ¿soy socialista? Y si
mañana tengo que darle una palmadita en la espalda a la derecha, ¿soy de derechas?
Parece que si tiendes más hacia un lado, tienes que rechazar de forma
automática todo lo del otro, porque sino te habrás cambiado de ‘bando’, y eso
es algo que, sorprendentemente, no termina de encajar en la mente del ciudadano
español. Sin embargo, yo quiero pensar que no existen partidos que lo hagan
todo mal, así como tampoco existen aquellos que lo hagan todo bien. Siempre hay
errores de los que aprender y decisiones que son dignas de tomar como ejemplo,
con independencia de la ideología. Pero parece que es mejor caminar con dos
ladrillos a ambos lados de los ojos a pararse a observar y reconocer las buenas
proezas del contrario.
"Las ideologías se han apropiado de los discursos"
Hay quien
dice que vamos a retroceder hacia un pluralismo político, hacia ese principio
de la transición donde aún no se sabía quién se iba a llevar la porción grande
del pastel. La democracia ha tenido una clara tendencia por educarnos bajo el
principio del voto útil, pero ese es un esquema que amenaza con romperse.
Tenemos una pereza mental, ansiamos la libertad pero nos conducimos nosotros
mismos por el mismo camino que la masa porque es más difícil hallar de forma
individual senderos nuevos. Y cuanto menos pensemos, más fácil será recoger
nuestro poder, que es su voto. Esa es la base del populismo. El individuo se auto
limita: si apoyo esto, no puedo apoyar lo otro. Y la gama de matices es tan
amplia… la verdad absoluta, precisamente, es el conjunto de esos matices. No es un conmigo o contra mí, no nos
encasillemos.
"Es más fácil seguir a la masa
que hallar de forma individual senderos nuevos"
Existe
también la llamada ley de la memoria
histórica, y en esto tiene mucho que ver. A menudo se habla de las dos
Españas, un término que, tengo que reconocer, aborrezco. Nos hacen creer en
rojo y azul exclusivamente. Pero el rojo puede volverse escarlata o carmesí, y
el azul en ocasiones violeta. Y todo ello sin pasar, además, por la restante
gama de colores. Si por algo está caracterizada la democracia es por la
diversidad. ¡Informémonos, conozcamos y demostremos que realmente la hemos
conquistado! Que no se quede únicamente en un viejo libro llamado “Constitución” cogiendo polvo en la
estantería. ¡Aprovechemos los derechos que nos pertenecen! Creo que tenemos un
futuro mucho más arrebatador que caminar por el mismo bucle con las mismas
cuestiones de un pasado que tan a menudo nos entorpece. No somos herederos de
dos bandos enfrentados, somos hombres libres, racionales e independientes con
capacidad propia para pensar y decidir.
"No somos herederos
de dos bandos enfrentados"
Los partidos a veces dejan de ser ideas
para convertirse en votos envueltos en discursos que venden. Y está claro que,
como personas individuales que somos, nunca va a haber ningún partido con el
que nos sintamos representados en su totalidad. Está muy bien tener una
ideología, todo el mundo debería tener una, pues es fruto de un proceso
cognitivo en el que la persona se define a sí misma. Pero tener una ideología
no implica postularte en un bando de forma fijada, solo que tiendes más hacia
un determinado pensamiento. Pensemos, pues, con criterio propio, dejemos a un
lado los complejos y no tengamos miedo a defender nuestras ideas o a
desmarcarnos de lo que se presupone que debemos ser.
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