02 abril 2014

¿Pluralismo informativo real?


Nos encontramos en un mundo, en principio globalizado, donde el poder recae en una minoría que controla al resto. Y es que el fin originario de la globalización, ese que inducía a la participación del colectivo universal, se ha puesto como un punto más de esa lista de tareas pendientes que nunca se llevaron a cabo, lo que ha llevado a un proceso localizador y excluyente de una gran parte del planeta.

Es la vez que existe un mayor número de países democráticos, con la libertad de expresión recogida en sus marcos constitucionales. Pero a la hora de la verdad todo se envuelve bajo la capa que teje ese control informativo, siempre bordado en el hilo del carácter semi-oculto. ¡Vivimos en democracia! ¿Podemos realmente hablar de pluralismo? Quizá todos los medios provengan de un mismo emisor o fuente, aunque escritos con distinta caligrafía. Hay que dar sensación de diversidad mediática…aunque, en su esencia, todas las informaciones vengan a ser igual de idénticas e inexactas.

Los procesos info-comunicaciones se han visto expuestos a la editorialización y frivolización como consecuencia de la búsqueda de mensajes rentables y superficiales en un hábitat donde predomina lo simultáneo y donde se presentan una serie de asimetrías que se exponen como justificadas. Pero la opinión pública ha salido de su letargo. Ha dicho basta. Y, paradójicamente, esto se ha debido a esa globalización focalizada controlada por una minoría. Estamos hablando de esos mortales instrumentos que pueden llegar a ser a veces las redes sociales y que, gracias a las cuales, individuos alojados en esquinas opuestas del planeta podían interactuar y se dieron cuenta de que parte de la población –silenciosa- ahora comenzaba a hablar. Y verdaderamente tenían mucho que decir. Algo inaudito, sin duda: la realidad no era como nos la estaban contando.

El 27 de febrero de 2014, Joaquín Aguirre escribía en su blog “Pisando Charcos” que el 2011 fue el año en el que se empezó a protestar. Ninguno supimos ver las señales que iban pidiendo un cambio global y cuyos mensajes se verían reflejados con posterioridad en las pancartas de las manifestaciones multitudinarias existentes en absolutamente todas las naciones, con independencia de la ideología. Ya en 1980 el Informe McBride, bajo el lema “voces múltiples, un solo mundo”, recogía esa necesidad de un nuevo orden mundial informativo que garantizara el pluralismo, la democracia y la participación. ¿No se supieron gestionar ni contextualizar las necesidades que ya se pedían entonces? ¿O no se ha querido? ¿Quién lo ha impedido o lo impide? ¿Por qué?

Están intentando lapidar la verdad y la creatividad con todos nosotros. Así es como yo lo siento. A determinados poderes y/o colectivos nunca les ha interesado que pensemos… o al menos, que pensemos lo que ellos consideran que no debemos pensar. Siento decirles que no van a conseguir callar mi alma crítica. Y por crítica no me refiero a alterar el orden público como algunos lo entienden. Pero recordad que la verdad (la auténtica, no la que nos venden) nos hará libres, así como el conocimiento nos sacará de la sumisión de la masa adormecida. ¡Despertemos periodistas! El mundo será lo que nuestra pluma honestamente escriba.


Andrea Mateos
@prepyus

13 marzo 2014

"UCRANIA SERÁ EUROPA"


Ucrania constituye una nación fundamental para una Rusia expansionista en su proyecto de crear una Unión Euroasiática como rival a la Unión Europea. Sin embargo, para la mayoría de los ucranianos, esta última supondría la apertura a la mejora económica, la consecución de la democracia real y la lucha contra la corrupción política. A finales del mes de noviembre del año pasado, empezaron en Kiev una serie de manifestaciones pro europeas como resultado del rechazo de Víktor Yanukóvich al Acuerdo de Asociación y Libre Comercio con la UE. Una protesta que, a día de hoy, se la conoce como la revolución EuroMaidán, el conflicto más grave del país desde su independencia en 1991.

Consigo contactar con una kievita. Hablo con ella principalmente a través de las redes sociales. No diré su nombre, porque ha preferido permanecer en el anonimato. Le pregunto por la situación y arroja toda clase de desprecios con un odio atroz hacia su presidente y el régimen ruso. Sin embargo, formar parte de la Unión Europea supondría una dura reforma en el sistema económico ucraniano y la estructura en general del país. ¿Hasta qué punto merece la pena su ingreso? “La gente ya no podía soportar que no se firmara el acuerdo. Nos hacían promesas que nunca cumplían.” La situación se había vuelto insostenible. Me confiesa que ahora tiene miedo, que no puede ni dormir y muchos días no se le permite ir a la universidad. Siente la constante desolación de no saber qué va a pasar con su pueblo, una sensación que le ahoga y llena de rabia. Pero afirma que todo habrá merecido la pena si finalmente consiguen su objetivo: la independencia total de la influencia rusa.

Así, los estudiantes universitarios ocupaban la Plaza de la Independencia de la capital exigiendo el cese del presidente y un cambio de régimen. El 30 de noviembre los antidisturbios embestían con violencia contra las manifestaciones. La ciudad se iba llenando poco a poco de hombres enmascarados con cascos y bates. El pueblo entendía que el Gobierno solo accedería a dialogar con el radicalismo.

El 16 de enero la Rada Suprema –o Parlamento- aprobaba unas duras leyes antiprotesta. La gente ya empezaba a hablar de Guerra Civil o, para los de mal agüero, de una guerra en Europa. En los posteriores días, los radicales paramilitarizados estaban cada vez más dispuestos a usar toda clase de técnicas violentas. “El presidente mandó militares para pegar tanto a hombres y mujeres, como estudiantes y niños. Kiev estaba lleno de sangre y hasta ahora no hay culpables. Ha desaparecido mucha gente.” La kievita asegura que los militares que protegían a Yanukóvich traían encarcelados para provocar a la gente que se revelaba. Querían que la opinión pública internacional se forjara una imagen equivocada del movimiento.

Con la llegada de febrero, aumentan las tensiones. Sin duda febrero ha sido el mes más difícil de todos. El día 20, el régimen mandaba francotiradores y, tan solo unos días después, el presidente abandonaba Kiev y Putin decidía entrar en el campo de juego, usando Crimea como excusa para su intervención. Todos sabían que era algo que se podía producir en cualquier momento. La entrada de la gran potencia rusa era del todo inevitable.

Ucrania es una nación que se encuentra situada entre Europa y Rusia. En eslavo antiguo significa “zona fronteriza”. El oeste rural es pro europeo, mientras que el este, de carácter industrial, es pro ruso. Se puede decir además que Kiev es la madre de la civilización soviética y de todas las ciudades rusas. Un país, sin duda, con una importante historia pero sin una historia real de estado, debido a su juventud. En la Segunda Guerra Mundial, muchos ucranianos colaboraron con el régimen nazi, algo que los rusos nunca perdonaron y decidieron enviar a parte de su población a los gulags. Durante las décadas siguientes se fue afianzando un sentimiento anti ruso que culminaría con la independencia de la república en 1991.

Para Europa se trata de un país importante, ya no solo por su situación geoestratégica y como zona fronteriza de Rusia, sino que además supone un tránsito para el gas. Su población es en un 78% de etnia ucraniana, a excepción de Crimea, de mayoría rusa (60%). El golpe de estado producido en este territorio ha hecho reaccionar a Putin, alegando querer protegerla frente al nuevo gobierno ilegítimo. Hay que tener en cuenta que Crimea fue rusa hasta 1954, año en que Kruschev decidió regalársela a Ucrania. Pero Rusia siempre ha considerado esta tierra rica en cultivo y con acceso al Mar Negro como suya. Sacar a Crimea de su área de influencia afectaría a su orgullo nacional. Por otro lado, el presidente ruso había firmado con Yanukóvich un acuerdo de permanencia hasta 2042... y va a hacer todo lo posible para que se respete ese pacto.

El 27 de febrero, el Parlamento de Crimea realizaba un segundo golpe de estado, tras el de Kiev, eligiendo a un nuevo jefe de gobierno regional ruso. Un acto, sin duda, inconstitucional, pues el cargo de primer ministro regional era designado en la capital. Algunas manifestaciones producidas en este área pedían que Rusia enviara ayuda para garantizar su protección. La consecuencia más inmediata fue que el parlamento ruso autorizase la intervención militar en Ucrania, una provocación a los titanes de EEUU y la UE. Sin embargo, Putin ha negado tal invasión. Como él mismo ha definido, únicamente son grupos de autodefensa locales. Pero el kremlin no va a ignorar la llamada de ayuda de Crimea. El problema radica en que si Putin hace uso de la fuerza, estaría violando el derecho internacional y la integridad de un territorio soberano.

Para el presidente ruso no solo es una cuestión geoestratégica que garantice su flota en el Mar Negro, también hay motivos históricos y culturales. Haciendo una comparativa, está usando el mismo pretexto que ya usó en 2008 con Georgia: la protección de los rusos amenazados. Ya entonces dejó claro que tanto Georgia como Ucrania suponían una frontera que la UE y la OTAN nunca debían traspasar.

Pero por otro lado, hay que tener en cuenta también que el ámbito internacional es muy amplio y que Rusia necesita de EEUU en otros escenarios globales. Están en juego intereses tanto económicos como energéticos. Hay que evitar una guerra. Algunos analistas hablan de posos de Guerra Fría y de una Unión Soviética que, en la idea, nunca ha llegado a desmoronarse. ¿Puede ser esto un golpe del exterior para sacar a Ucrania, finalmente, de la influencia rusa, como dicen algunas hipótesis? ¿Por qué no se ha esperado a unas elecciones limpias? Quizá porque en las últimas, como asegura la kievita, los votos fueron falsificados. Los ciudadanos que han dado el paso, están dispuestos a todo con tal de que no dividan a su gente. Quieren la libertad. ¡Se han librado tantas batallas en su nombre! ¡Y ha habido tantos hombres que la han perdido en su lucha por conquistarla! “Hay gente que se merece que les llamen héroes. Luchan por todos contra una Rusia que nos robaba. Pero estoy segura de que Ucrania será finalmente Europa”.

 


Andrea Mateos

@prepyus

04 marzo 2014

La obsesión del periodista vocacional


Llega un momento en la vida del periodista (vocacional) donde el poder de la información se convierte en una obcecación que te taladra. Y buscas de forma casi exasperada un artículo en cada conversación, una columna en la mirada de un desconocido, un reportaje en cada acto banalmente cotidiano. Porque llega un momento en el que empiezas a soñar primicias y a completar obsesivamente tu agenda de contactos fuera del horario laboral, que ahora abarca las 24 horas escasas que se te muestra un día. Y entonces, la delgada línea entre tu vida privada y profesional se disipa para venir a ser lo mismo. ¡O quizá sea tu trabajo el que pise de una forma titánica tu intimidad!

El mundo se transforma: todo son interrelaciones que forman el proceso comunicativo. Las personas ya no son personas, sino la abstracción que compone la relación simbiótica y de retorno entre en un emisor caótico y un receptor participativo. ¿El mundo de las ideas? Y esa obsesión frustrante habita en un curioso campo de incertidumbre. Lo bonito de la vida es que todo el mundo desconoce su futuro, pero mientras que para otros esto es un factor largoplacista, para el periodista se convierte en un porvenir instantáneo, casi presente. ¿Qué va a ser de mí el próximo segundo? La vida eterna o la destrucción...

El universo es el mayor canal informativo que hay. Existen millones -¡infinitos!-  tipos de acontecimientos que se suceden a la vez, en un segundo, y lo peor de todo es que tus fieles ojos no van a estar ahí (en una mayoría dolorosa de veces) para poder escribirlos, ¡joder! El amplio proceso cognitivo en el se traduce tu trabajo hace que tus sentidos se disparen. Tu mente se vuelve tan abierta, sabes de tanto y de tan poco, que a menudo caes en un saco de escepticismo. ¿En qué creer? Absolutamente todo es cuestionable. El saber que no puedes estar seguro de lo que sabes… ¡y ni siquiera puedes afirmar aquello! Pero aun estando expuesto a esa continua red informativa, siempre tienes que tener claros unos principios, que marcan tu origen y también definirán tu meta. No hay nada peor que traicionar a tus ideas, que constituyen, en último y más importante término, tu ser. Porque el periodista, antes que periodista, es persona. Quizá llegue un momento en la vida del periodista, ahora ya sí, VOCACIONAL, donde el poder de la información se convierta en una obcecación que te taladre. Pero que ese taladro nunca alcance la placa dura que debe ser tu ego, que no es más que tu existir, tu esencia.



Andrea Mateos

@prepyus

19 febrero 2014

Una de manifestaciones

Detrás de una manifestación siempre se esconde un poso ideológico… o un interés oculto, que a veces no tiene tanto que ver con la ideología. ¿Cuántos de los acuden habitualmente a manifestaciones están realmente preocupados por el asunto en sí por el que se manifiestan? ¿Y cuántos lo hacen por derrocar a ‘x’ partido político o gobierno, o porque lo consideran un ‘deber’ del grupo político del que son afines, o simplemente para dejarse llevar por la masa?
Quisiera resaltar, antes de abordar la cuestión, dos aspectos de la sociedad española. El primero es que en España hay que reconocer que la calle está totalmente conquistada por la izquierda, ¡y saben muy bien cómo enervar a una ciudadanía ya encolerizada! El segundo es que, exista o no un problema real, nos gusta quejarnos. En mi entrada anterior “Falsos Patriotas”, decía que hasta “los que no se quejan” se quejan de “los que se quejan”. Y esto es así. A menudo, y especialmente en épocas de crisis, caemos en un foso de victimismo. ¡Incluso a veces en la comunidad internacional tienen mejor concepto de nosotros que nosotros mismos!
Con estos dos factores no es de extrañar que la gente se manifieste  y haga huelga tantas veces a lo largo del año. Y más en la actualidad donde, aunque poco a poco vamos saliendo de la crisis económica, la sociedad aún no ha notado realmente esa ligera mejoría. Pero la derecha siempre ha considerado que la calle es cosa de progres, lo que le lleva a mostrarse reacia cada vez que la izquierda saca sus pancartas. He de decir que yo tampoco soy una apasionada por manifestarme. Primero porque lo considero un esfuerzo inútil, pues poquísimas veces se logra el objetivo que se persigue. Y por otro lado, me resulta un acto molesto. Pero esto ya es una percepción mía personal.
Sin embargo, ayer tuvo lugar (y hoy) una manifestación para la liberación del pueblo venezolano, cuyos asistentes componían, predominantemente, el perfil de la derecha. Lógicamente no va a asistir al acto un comunista -tan a favor del régimen cubano y venezolano-, pero el evento en sí me resultaba de lo más curioso. Esa derecha, tan reacia y crítica con las manifestaciones (no hay que olvidar que, a fin de cuentas, es un derecho constitucional recogido en el artículo 16 de la Constitución), ¡manifestándose! ¡Qué ven mis ojos! Pero manifestarse por Venezuela queda guay, mientras que el resto de manifestaciones son para perroflautas y el progrerío rancio (no sé si están pillando mi sarcasmo).
Y entonces no dejo de preguntarme… ¿en qué punto, por poner un ejemplo, nos situamos con la masacre de Siria? ¿Por qué no nos reivindicamos también con Ucrania, que quieren acabar con la influencia rusa y entrar en la Unión Europea? ¿Cuáles son los criterios de selección -y exclusión- por los que se rigen para decir ‘sí’ a unas y a otras ‘no’? No estoy queriendo con esto comparar conflictos tan heterogéneos de causas y evolución tan diversa, pues nada tiene que ver Venezuela con Siria y menos con Ucrania. Simplemente estoy tratando de realizar un análisis de lo que supone el hecho en sí de manifestarse. Nada tiene de malo luchar contra la opresión y reivindicar la libertad de un pueblo. Por supuesto que no. Pero, sinceramente, no lo entiendo. ¿Hipocresía de principios?  Los principios de la incoherencia. ¡Llámenme loca, qué sé yo!
Lo que me ha quedado claro es que las ideologías se han apropiado de las manifestaciones. Parece que en España salir a la calle con una pancarta es cosa de izquierdas (salvo cuando, de forma excepcional, la derecha decide manifestarse), al igual que llevar la bandera de España (la oficial y democrática, no hablo de la tricolor ni la del aguilucho) es exclusivo de la derecha. ¡Y que a ninguno que no sea afín ideológicamente se le ocurra invadir el campo del otro!  Las ideologías se han apropiado de las manifestaciones… pero bueno, como casi todo en esta vida, en general. ¡Rollizo monstruo la ideología! Rollizo y tramoyista.


Andrea Mateos
@prepyus

10 febrero 2014

Falsos patriotas



Los que aman España a menudo lo hacen de una forma ilusamente utópica, rememorando una gloria histórica que ha sido descosida por el mal que actualmente le aqueja. Aman España como una abstracción y claman un odio atroz por la gente que la compone. Pero, ¿se puede amar un país y no su gente, que constituye principalmente su esencia? ¿Pues qué es un estado sin su pueblo?

Cierto es, un pueblo que se corrompe por los corrompidos, donde ‘los que no se quejan’ se quejan de ‘los que se quejan’, y al final España entera lagrimea. Esa España donde una mayoría aparenta saber de todo en todas las situaciones, y luego está la élite listilla que simula no saber de nada aún sabiendo (principalmente cuando salen a la luz asuntos turbios). Igualmente habitan los que construyen falsamente la historia, buscando -en un intento desesperado y fanático- un motivo inexistente para independizarse. Esa es España, nuestra España. La que tiene que lidiar contra su propio pueblo para no desmoronarse sobre sus propios cimientos. Pero si España no es España sin su pueblo, ¿puede lidiar contra sí misma?

Existen también, como digo, los llamados falsos patriotas. Aquellos a los que se les llena la boca de un idolatrado amor hacia su patria, rozando los límites de lo divino. Un amor que es casi tan grande como el rencor que engendran hacia sus hermanos de tierra, que serán corruptos, gemebundos, patrañeros o con tintes independentistas, pero hermanos, al fin y al cabo. Vaya, ¡que en todas las familias cuecen habas!

Pero al igual que un reloj no lo es sin sus engranajes (podrá tener apariencia de reloj, pero sin engranajes nunca marcará la hora), España no es España sin su pueblo. Ambos constituyen un mismo conjunto, como una unidad psicosomática de cuerpo y mente mediante una relación simbiótica donde la una requiere de la otra para funcionar de un modo perfecto o, aunque a veces vaya a trompicones, hacerlo en la mejor medida. Y ciertamente, España sí es una gran nación, como claman los falsos patriotas. Pero la idea desparece no solo con aquellos que pretenden desprenderse de ella, sino también con los que hablan en un doble discurso chauvinista y segregado debido a la dicotomía emocional que se produce entre el amor y el odio que incoherentemente profesan.

 


Andrea Mateos
@prepyus

26 diciembre 2013

Historias dignas de ser contadas


Todas las historias que se relatan tienen algo de especial, sino no merecerían la pena ser contadas. Un “llevaba toda mi vida esperando ese momento” o “el tiempo se detuvo” han revestido a menudo el clímax de tantos personajes, protagonistas que convierten sus anécdotas en libros, individuos que tienen algo que decir al mundo porque ese algo es especial, distinto. Lo corriente no es del interés de nadie. Nadie espera escuchar la historia de un tipo que se levanta, acude al trabajo y regresa a su casa a encerrarse entre sus cuatro paredes. Nadie escribe sobre lo normal, lo llano. Porque todos buscamos ese momento que llevábamos aguardando toda nuestra vida, una vida que desperdiciamos mientras esperamos y dejamos pasar el resto de momentos corrientes. ¿Quién establece lo normal, lo que es digno de contar y lo que no? ¿Por qué lo normal resulta carente de interés, vacío?

 
La búsqueda de lo distinto ha sido tan generalizada que, paradójicamente, se ha metamorfoseado en uniforme. Quizá para mí ahora lo anecdótico sea ser una mujer corriente que acude a la universidad y toma café entre un amasijo de libros. Y quizá para mí ese momento especial del día –que otros buscan desesperadamente- se encuentre en el detalle casi imperceptible de un rayo de sol que traspasa el cristal del autobús y me hace entrecerrar los ojos, observando el mundo a través de un velo de pestañas.
 
"La búsqueda de lo distinto
se ha metamorfoseado en uniforme"

Vivimos en una sociedad teatralmente dramática que anhela grandes historias y rechaza casi con xenofobia lo que ella denomina y establece como “corriente”. Nadie escribe sobre las personas normales. No interesan a la masa. Lo normal ha pasado a un segundo -¡y tercer!- plano. Pero para mí no tiene nada de monótono, porque lo normal se despedaza en un conjunto de pequeños detalles que sólo son apreciables para mentes sublimes. Como una obra de arte, las mejores pinceladas son las que no se ven, o solo son captadas por las pupilas de quienes alcanzan el placer excelso en lo imperceptible. Lo corriente es mucho más especial que los algos que, curiosamente, nos pasamos buscando toda nuestra vida. Son estallidos de ideas fugaces que componen nuestra rutina, aglomerando las partículas individuales de lo complejo, exclusivas para los que quieren ver y excluyentes de una multitud cegada que rechaza esas pequeñas descargas de felicidad tras un intento fallido por encontrar la suprema.
 
"Los pequeños detalles sólo son apreciables
para mentes sublimes"

Las historias dignas de contar, aquellas donde “el tiempo se paraliza”, han pasado a la historia. Se les acabó el amor de tanto usarlo. Llega la era de lo corriente, de narrar las vicisitudes de aquel tipo normal que se levantaba, iba al trabajo y se encerraba entre sus cuatro paredes. Y quizá ahora comencemos a darnos cuenta de que aquel individuo tiene seis sonrisas diferentes, y que cambia el tono de voz cuando le llaman por teléfono, o que sigue la misma ruta de siempre porque escoger una senda nueva le desviaría de sus ensimismamientos mañaneros. Detalles que, de tan corrientes, pasan desapercibidos y nadie se para a observar. ¿Y quién es quién para decidir que no tienen nada de especial? Unos tratan de reinventar lo inventado; yo de rescatar la realidad absorbida de lo normal.
 
 
 
 
Andrea Mateos
@prepyus

16 diciembre 2013

Cataluña con España

La Constitución, ratificada el 6 de diciembre de 1978, simboliza el sutil entresijo de equilibrios que caracterizan a la sociedad española (“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.” Artículo 2, CE). Por eso, resulta inconcebible estar hablando, treinta y cinco años después y ya superada la transición democrática, de la independencia de una Comunidad Autónoma. Y resulta inconcebible además porque, de hecho, uno de los padres de la misma fue Miquel Roca, representante de la Minoría Catalana. Con ello lo que quiero decir es que los catalanes han participado en la construcción de la historia en libertad de España y ahora el nacionalismo quiere separarse de esa “opresión” que, curiosamente, él mismo ha gestionado.


Nuestra Constitución, la Carta Magna, la ley de leyes, establece las reglas del juego democrático. El referéndum que se quiere llevar a cabo en Cataluña el próximo 9 de noviembre de 2014 es un referéndum ilegal, antidemocrático y anticonstitucional en el que, además, no puede opinar el resto de España, el país del que forma parte. Según el artículo 155.1 CE “si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente el interés general de España, el Gobierno (…) podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.”

"El referéndum es ilegal,
antidemocrático y anticonstitucional"

Hace algunos días se celebraba también el simposio “España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014)”, un congreso de título xenófobo que fue promovido con dinero público, todo hay que decirlo. ¿Cataluña o España? La consulta traspasó los límites de lo absurdo. Cataluña es España, y España no se concibe como tal sin Cataluña. Quienes plantean la pregunta no son historiadores de la política, sino historiadores políticos que propician el auto odio, es decir, el odio hacia sí mismo al renegar de su propia esencia que no es otra que la de ser españoles y que tampoco resulta incompatible con la de ser catalán.

"España no se concibe como tal sin Cataluña"

Parece que algunos se han empeñado fervientemente en partir en dos una sociedad lisiada por la crisis económica de la que ahora comenzaba a salir. Se creen poseedores de la verdad eterna, pero no son más que unos iluminados que se han cegado por el sol. Reescriben la historia en base a sus propios intereses y apelan a enemigos del pasado que nunca tuvieron. Sin embargo, nadie habla de los únicos años en los que Cataluña fue realmente independiente de España, que no en sí misma, pues estaba sometida a la soberanía de Francia (1641-1659).

"Reescriben la historia
en base a sus propios intereses"

Su discurso no busca la razón sino la propaganda. Y desde un punto de vista histórico esto es indefendible. Su único argumento, fácilmente rebatible, se centra en una lengua (el catalán) revestida de la estelada o la señera. Aunque aquí también cabría decir que la bandera cuatribarrada es la tradicional de los reyes de la Corona de Aragón, antiguamente usada únicamente por el Rey, y no por condes.

"Desde un punto de vista histórico
esto es indefendible"
 

Lo que está claro es que la simple intención de realizar este referéndum está creando una brecha cada vez más fonda entre Cataluña y el resto de España. Aunque habrá que ver si realmente existe una mayoría catalana que quiere la independencia, algo de lo que realmente dudo. ¿Derecho a decidir irse? Quizá dentro de unos años, como decía Cecilia en una de sus canciones, tengamos que celebrar cada 9 de noviembre con un ramito de violetas… Como el día de Cataluña con España.






Andrea Mateos
@prepyus