28 diciembre 2012

La democracia de la libertad fingida

Frágil y hermosa. Durante siglos, muchos han sido los hombres que han batallado en su nombre. Otros han aclamado ser sus portadores, desde la sevicia de sus corazones corrompidos. Se engalana en toga romana y corona de siete picos, como una estrella… Un libro y una antorcha la ensalzan, pero no ha dejado de vagar por la eternidad, desolada por aquellos que se empeñan en deshacer su efigie. Una proscrita… la libertad.


De seguro que Frédéric- Auguste Bartholdi, su creador, creyó en su obra como un marcador que señalaría el comienzo de una nueva era, más libre. Han pasado 126 años desde entonces y dos guerras mundiales de por medio que, lejos de ser olvidadas, han desatado, de forma directa o indirecta, muchos de los males que hoy acontecen. En los últimos tiempos la libertad se ha embozado en forma de democracia. Pero esta es un arma de doble filo que muy que a menudo lleva al totalitarismo, una forma de gobierno deforme que se reviste de una toma de decisiones legitimada bajo un poder unitario enmascarado. “Las minorías no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse”, dijo Maquiavelo. Y es esa exactamente la enfermedad de nuestro tiempo. Porque la democracia no debería basarse en el privilegio de algunos, sino en el derecho de todos: la regla de la mayoría, sí, pero respetando también la de las minorías. Porque la libertad absoluta solo existiría en un mundo de entes aislados, y el ser humano es social por naturaleza, teniendo su límite instaurado en la franja fronteriza donde colisionaría con la autonomía del otro.

"La democracia no es un derecho de algunos,
sino un derecho de todos"

La libertad es una relación mutua de respeto y defensa, un fin y un medio al mismo tiempo de nuestras acciones. No se puede encarcelar al individuo para conseguir la salvación de uno. Esa falta de respeto sería más propia del libertinaje, a lo que gran parte de la sociedad se agarra: el nacionalismo vasco o catalán en España, la eterna guerra entre Israel y Palestina, la coacción chavista de Venezuela e, incluso, y puesto que estamos en Navidad, la persecución de todos aquellos cristianos que no pueden celebrar estas fechas en Irak o Pakistán, simplemente por ser de una religión distinta.
"La libertad es una relación mutua
de respeto y defensa"

Las grandes batallas de la historia se han librado por una supuesta defensa de esa tan ansiada libertad, y ahí es donde entra la codicia. Unos reclaman la independencia de Euskadi, y aunque nadie puede negar el resultado electoral de las urnas, ¿es democrático un partido que apoya a una banda terrorista? ¿Tienen derecho a reclamar la libertad aquellos que en otras ocasiones han tenido la mano fría para aniquilarla? La libertad no es un bien que se tome y se deje a su antojo: ahora la utilizo, después la convierto en despojo… No es un simple principio ético, sino la suma del alma de cada persona. Aquel que priva de la vida al prójimo, está lapidando también la libertad. Y es entonces cuando el derecho se pierde en su máximo concepto.

"¿Es democrático un partido
que apoya a una banda terrorista?"

En Pakistán, un país de violencia generalizada, se ha propiciado la huida masiva de la comunidad cristiana. Diversos artículos de su código penal, que recogen la defensa del Corán y el profeta Mahoma, han sido utilizados como instrumento contra otras religiones minoritarias, como el cristianismo. Perseguidos, injuriados, encarcelados… asesinados. Solo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día, aquel capaz de dominar sus pasiones y no ser esclavo de sus malos deseos. Porque no consiste en hacer lo que se quiere, sino en tener la capacidad de poder actuar sensatamente.


"Sólo es digno de libertad aquel
que no es esclavo de sus malos deseos"

George Bernard Shaw, escritor irlandés, afirmaba que “la libertad supone responsabilidad, por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto” y en tan diversas ocasiones la mutilan. Pero lo peor es que los antidemocráticos quieran acabar democráticamente con la democracia, y eso es algo que no se puede permitir. El ser humano debería estar en la obligación de mantener y acrecentar cada una de las premisas básicas que conquistaron nuestros antepasados en la Modernidad. Tenemos un contrato social cuyos principios fundamentales son la libertad del individuo y el Estado como garante del derecho democrático de todos los ciudadanos. Es nuestro deber defender la verdadera democracia frente a aquellos que intentan pisotearla a golpe de pistola. Pero hay muchas formas de hacer terrorismo. Y terrorismo es también todo aquello que carcome bienes tan preciados como la tolerancia y el respeto, bajo la fachada de ese ‘bien común’ que tan falsamente predican.

"Lo peor es que los antidemocráticos
quieran acabar democráticamente con la democracia"

Después de hacer esta reflexión, quiero dirigirme a un puñado de valientes, con mis más sinceros deseos de elevar al máximo el reconocimiento de su no suficientemente apreciada bizarría. Porque habría que entregar un galardón –seguramente inmenso- a todas aquellas personas que persiguen la unidad de España en País Vasco o Cataluña, o que llevan a cabo la celebración cristiana de la Natividad en tierras como Irak o Pakistán; al que decide votar, a pesar de las represalias, al régimen contrario del chavismo, y también a aquellos individuos que anhelan instaurar la paz en zonas tan beligerantes como Israel o Palestina. Porque es muy fácil reivindicar la defensa de la libertad y la democracia desde la seguridad de nuestro escritorio… Pero estar ahí todos los días, arrimando el hombro, dando el todo por el todo, es harto difícil. Y no todo el mundo tiene el arresto que se precisa. Ellos son los héroes, unos valientes que defienden lo que les viene legitimado desde su propia condición humana. Porque la verdadera democracia es un derecho innato del individuo, un estado que permite la convivencia pacífica y tolerante de la autonomía de la persona. Y ese estado será, precisamente, mi deseo para el 2013: una libertad cuya fuerza vital radique en la integridad del individuo, y no en su concupiscencia. ¡Que no nos engañen con la manzana envenenada de la democracia de la libertad fingida!

 
 
 
*Andea*
@prepyus

10 comentarios:

  1. señorita pepis28 dic. 2012 1:27:00

    Simplemente... Chapó.

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  2. Acabo de ver tu enlace en twitter. Muy buen artículo. Recoges el sentir general de la población. Enhorabuena.

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  3. Es cierto. En Euskadi no vivimos ni en libertad ni democracia. Opresores!

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  4. Adrea, yo también pediré al Nuevo Año ''una libertad cuya fuerza vital radique en la integridad del individuo''. El 2012 ha sido un año complicado también a nivel internacional. Nos hace mucha falta un poco de coherencia.

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  5. Alejandro Alex28 dic. 2012 9:14:00

    Me encanta la forma tan literaria que tienes siempre de redactar las cosas. Excelente.

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  6. El primer párrafo, sublime. Qué bien escribes siempre...

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  7. Cómo se te nota el plumero...


    Visça Catalunya!

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  8. Está tremendamente bien redactado: expresiones literarias, citas de autores célebres... Vas más allá de un simple artículo de opinión, buscando la complejidad. Muy, muy bien. Espero seguir leyendo cosas tuyas. Te sigo de cerca. Un saludo.

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  9. Te iba a dejar un comentario por este artículo, que es estupendo, pero luego he echado un vistazo al resto del blog y la verdad es que me ha sorprendido gratamente. Estarás más o menos de acuerdo con lo que escribes, pero no cabe duda de que lo haces muy bien y tu opinión, además de legítima, es bastante coherente. Sigue en esta línea que te va. Air bien.

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  10. Importante labor de documentación en la elaboración de este post. Guiños al sistema norteamericano al principio, a España en el desarrollo y, supongo que en relación con estas fechas del año, a la intolerancia religiosa en el mundo. El comienzo el post es realmente bueno en cuanto a estructura y contenido. Me llama la atención un concepto al que haces referencia al final y que creo que es clave en tu visión de la agonía de la libertad, al menos en el mundo Occidental y, más concretamente en nuestro país: "el contrato social". Ese acuerdo, aceptado por todos, según el cual los menos pudientes aceptan los privilegios de los que más tienen a cambio de que éstos aporten más al común para mantener un Estado de bienestar al que pueden acceder todos. Este contrato social se está rompiendo gracias a las medidas promovidas por los dos últimos gobiernos de la democracia. La ruptura de este "acuerdo no escrito" es el germen de la indignación, la intolerancia, el triunfo del nacionalismo regional y la proliferación de la radicalización política. Me llama la atención también cuando afirmas que "la democracia debe respetar a las minorías". Posiblemente haya llegado el momento de abrir el sistema electoral hacia esas minorías que no se sienten representadas en el mismo como consecuencia de que el diseño del mismo las excluye de la representación parlamentaria. Tal y como está ahora nos encontramos ante el segundo Régimen de la Restauración; una re-edición del sistema parlamentario del siglo XIX, pero donde antes se hablaba de liberales y conservadores ahora tenemos a PP y PSOE. Tampoco tengamos una visión fija de qué es España y qué ha sido siempre España, porque si no recordamos bien el pasado estaremos condenados a repetirlo. Con respecto a la religión, sencillamente respeto.

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